“Lo que el psicoanálisis tomo de mi”
Hace unos días, en mi pagina un gran amigo posteo toda una carpeta llena de frases acerca de lo que el psicoanálisis podía provocar en una persona, una de ellas llamo especialmente mi atención, decía: “El psicoanálisis sirve para descubrir que lo que deseo siempre va a contramano, y que en un momento, es necesario construir un propio espacio, protegerlo, y saber que no importa encontrarle un sentido a la vida, si no el comenzar a buscar tu propio camino”. Al leerlo no pude dejar de preguntarme, si eso fue lo que me enseño a mí también, si fue eso lo que tomo de mí, aun sin saberlo, y lo convirtió en una apuesta para él.
Frases como “Descubrir que el deseo siempre va a contramano” “Construir un propio espacio” “Buscar tu propio tu camino”, horas y horas sin dejar de pensar, que tal ves fue el significado de estas palabras lo que en mi momento permitió aquel encuentro.
Al igual que mis compañeros, yo no estuve exelta en mis primeros años de una objetivación ligada al saber. Al “querer saber” que es lo que paso conmigo, al querer darle una forma aquella pregunta que como a todos marcaba mi búsqueda en la universidad y por que no en la carrera. Digna de aquel movimiento, no dude en alienarme al pensar universitario, “Somos una ciencia y nuestro objeto es el cerebro”, tanto mas objetivo y concreta pueda ser nuestra experiencia, tanto mas valorizada y verdadera lo será, Yo no tuve problemas ni me encontraba perdida, estaba cómoda. Pero entonces por que este significante resonó en mi? Por que el psicoanálisis?
Pensándolo bíen, tal vez si había “algo mas”, tal vez aquella pasividad era la del esclavo que responde a su trabajo con la resignación de ver su deseo enajenado, tal ves no me sentía tan “cómoda, el sujeto nunca se pierde ante aquel personaje desdibujado por la declinación de nuestra historia, ante aquella imagen por la que opta casi clandestinamente en la relación simbólica, tal vez el psicoanálisis logro reabrir aquel vacio en mi fantasia, agujereando y dejando sin sentido ha aquel objeto que me había construido para velar mi pregunta, y no querer saber que estaba en mi responsabilidad la búsqueda de su repuesta, del saber Quien soy, del tener que hablar.
El descubrir que existía un lugar donde uno no se tenia que preocupar por la exactitud, por la conformidad entre lo que se dice y lo que los demás puedan pensar, ni tampoco por lo que pueda transmitir. Saber de un lugar donde podemos dejar de lado la preocupación por lo común, provoco una ruptura en mi identidad, y permitió que cuestionara lo que se imponía al momento de tomar en cuenta a la subjetividad, movimiento que revoco sus efectos hasta mi vida personal, llevándome a reabrir cuestiones que pensaba ya resueltas.
“Cada sesión de análisis, con la contingencia, azar y miseria que conlleva, afirma que lo que vivo merece ser dicho”. La palabra, mi palabra era tomada en cuenta, ya no existía un saber pre establecido acerca de lo que todo podía significar, concebir un espacio que se substrae al curso de la existencia, en la que se formula lo que se puede cuando se está asfixiado y se saca una hora para poder hablar, antes de quedar de nuevo atrapado, por el ritmo de la existencia. Enfrentar el peso de saber que solo el curso de mi vida esta en mis manos, “el deseo siempre va a contramano”, que cada decisión trae consigo una perdida.
Pero aun así el saber que una sesión de análisis, cito a Miller, constituye siempre un esfuerzo de poesía, una franja de poesía, que el sujeto se reserva en una existencia, la suya, determinada, gobernada por el Otro de la moralidad. Todo esto trajo un “sentido” a mi posición frente al mundo, un sentido que lejos de otorgarme un conocimiento exacto, logro que mi peculiar miedo al vacio ya no sea una excusa para “atragantarme” de sentido, si no para caminar y apostar por mi vida.
Lo que el Psicoanálisis tomo de mi, fue aquello que mas angustia me traía, lo que luchaba por no reconocer y que tal ves sigo sin querer hacerlo. El Psicoanálisis tomo de mi la comodidad de un lugar en el que no es necesario pensar, y me enfrento a la castración que todos queremos escapar.
La que les habla aun no ha comenzado análisis, estrictamente hablando, pero encuentra en cada texto una bella excusa para siempre introducirse en su propia historia y provocar aquel caos necesario para atravesar y trabajar mil veces en el telar su vida.
Una ultima frase “Aun cuando en la vida social, dependemos del sentido común, en una sesión de análisis podemos abstraernos, y no ocupamos de lo que es común, común a todos, a muchos o a algunos. Uno puede concentrarse en aquello que le es propio y que alcanza a decir a uno sólo, a su analista.”
