Entrevista a Eric Laurent en Newsweek 22 de mayo 2008

 

Mientras se incubaba el mayo francés, en 1967, el joven Eric Laurent buscó un psicoanalista en París. Y su analista resulto ser Jacques Lacan, “el punto de intersección de los interrogantes de la época”. Cuatro décadas más tarde, Laurent se transformó en una de las banderas de los lacanianos y preside la Asociación Mundial de Psicoanálisis.  De paso por Buenos Aires, habló con Martín Seldes para NEWSWEEK sobre el dogmatismo del psicoanálisis, la tensión con los freudianos, los psicofármacos y la incomunicación en los tiempos del chat. Extractos:

 

¿Cómo se para el psicoanálisis frente a la “cultura de los antidepresivos”?

Al revés de  lo que está escrito en la Declaración de la Independencia estadounidense sobre la búsqueda de la felicidad, estamos en una  cultura en la cual se tiende a persuadir de todo lo que todo el que no es realmente feliz, está deprimido. En los años ‘60, uno de los primeros antidepresivos, la amipramina, sólo se utilizaba en casos de gravedad. Luego la gente empezó a tomar toneladas de Valium y ansiolíticos para tranquilizarse, y se buscó un medicamento que fuerza utilizado por todos. Después llegó el entusiasmo por el Prozac y el [bestseller] “Prozac Nation”. Los nuevos antidepresivos no parecían tener efectos secundarios, y todo el mundo los tomaba cuando estaba triste.

 

¿Funcionaron?

No. En lugar de reducir la tasa de tristeza, en los países ricos, donde más se consumían, un cuarto de la población tenía depresión. Se volvió una epidemia. Los nuevos medicamentos acompañan a la cultura de hoy. No hay un instante perdido en la performance de los hombres. Todo tiene que ser productivo: hay que correr más rápido, tener mejor sexo, dormir y pensar mejor. Frente a estas malas noticias, la respuesta es que hay una píldora para todo.

 

¿Y que propone el psicoanálisis?

En una época de morales victorianas y de prohibiciones, Freud dijo: “todos estos ideales son mentiras”. Esta es una época de productividad generalizada, en la que eres empresario de ti mismo y tienes que maximizar todo. Esto puede llevar a la adicción general de este mundo, ya sea el trabajo, el deporte o las sustancias. El psicoanálisis dice que esto es tan mentiroso como lo de antes. Hay que saber construir una solución para uno mismo, y no conformarse con el modelo que se propone. No hay que negar que existen casos de depresión graves que hay que tratar, pero hay que diferenciar entre la tristeza que se puede soportar y la depresión que te mata. Y animarse a pensar que los agentes de la industria no saben más que uno.

 

Parece una gran batalla entre David, el psicoanálisis y Goliat la industria.

Lo que el psicoanálisis cuestiona es el discurso de la estandarización: La idea de que en tu desgracia tienes que comportarte de manera estándar, no estás bien pero puedes tomar coca o la misma pastilla.

Cuando uno no está demasiado enfermo o no sufre tanto se analiza. Puede tratar su tristeza y además saber porque vino la tristeza a su vida. Y como su tristeza es parte de su historia y no la de su vecino. Uno puede reintegrar su historia y dejar de considerarse como una máquina.

 

¿En qué consiste la pelea entre lacanianos y freudianos?

Sólo hay pelea donde hay psicoanalistas de verdad: En París, Buenos Aires, San Pablo, Rio de Janeiro o Bahía. Pero la realidad es que los verdaderos freudianos somos nosotros. La diferencia entre Lacan y Freud es como la de Newton y Einstein. La mecánica del mundo fue descubierta por Newton, pero Einstein la generalizó, a partir de los descubrimientos del primero. En el sistema de Lacan se encuentran los resultados de Freud, transformados por la generalización. Esto permite cambiar algunos parámetros del “dispositivo freudiano”: duración de la sesión, categorías clínicas, vocabulario. El problema no es quien fue mejor, sino que los lacanianos quieren estar a la altura de los tiempos.

 

¿El psicoanálisis no es demasiado dogmatico?

Al generalizar a Freud, Lacan reveló algo que estaba escondido: que Freud no cesó nunca de reinterpretar el psicoanálisis, de inventar, contradecirse, producir cosas nuevas. Es decir que la obra de Freud no puede ser dogmatizada. Es un movimiento de constante reinterpretación. En Lacan, esto se potencia. Lacan no cesa de reinterpretarse a sí mismo: se puede decir que cada cinco años Lacan se renueva. Hay muchos Lacan que van por el mundo y siempre hay un estilo que contrasta, que puede leerse de múltiples maneras. Y por otro lado, hay frases muy sencillas, tales como “la mujer no existe”, “no hay relación sexual “o “uno puede prescindir del padre haciendo uso de él”, que todo el mundo entiende. Pero construir un dogma con cosas así, es muy difícil. Imposible.

 

Hoy los jóvenes chatean en la computadora y se conectan mediante mensajes de texto. ¿Es una época de comunicación?

La comunicación es la industria de la palabra vacía. Puedes estar todo el día tecleando y conformarte con los clichés de ser un adolescente de la época de hoy. Antes ocurría lo mismo delante de la tevé: siempre había una serie norteamericana que explicaba como comportarse. Después de 50 horas de “Sex and the City”, aprendes como hablar con las mujeres, vas al chat y lo pruebas con las chicas que están en Red y ellas, que también la han visto, saben como responder. Eso es comunicación. Es el uso de la palabra para no decir nada que tenga que ver profundamente con uno.

~ por lacanianosarequipa en Junio 3, 2008.

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